"El tiempo solamente nos quita vida, pero nos dará tiempo para amar" fue lo único que se le ocurrió pensar a Victoria, mientras observaba desde su ventana el paisaje de flores y casas coloridas que exhalaban alegría y se extendían frente a ella, e. Por fin había podido tomar esas vacaciones que tanto había ansiado desde hacía ya varios años, y después de planearlo por meses llegó lo inesperado y la empujó a irse. Había llegado al pequeño pueblo de H el día anterior, el camino había sido devastador pero después de resistir a cuatro horas de viaje en un autobús repleto de gente creyó que lo peor había pasado sin embargo sus ilusiones se desvanecieron cuando se bajó en aquella parada para hacer su transborde y al ver acercarse a un camión amarillo con letras blancas y un letrero apenas legible en el parabrisas que anunciaba "H" "¿es este el camión que lleva a H?" preguntó a la señora que estaba sentada a su lado en una destartalada banca que amenazaba con romperse "si y es el único" respondió con una mirada entre compasiva y despectiva hacia ella, apenas diez minutos dentro de aquel horno con llantas y que avanzaba lentamente fueron suficientes para que Victoria se planteara la posibilidad de regresar tomar su maleta y bajarse del camión y lo único que la detuvo fue la dificultad de hacerlo, pues los pasillos estaban repletos de personas parlanchinas que convertían aquel pequeño espacio en un mercado ambulante, entre gritos, saludos y el llanto de un bebé.
"Te vas a mudar mi'ja" dijo de pronto la anciana que iba a su lado mientras buscaba algo dentro de su enorme bolsa verde "no señora, solamente vengo de vacaciones" "eso mismo dije yo, y ahora estoy casada y viviendo aquí" agregó la anciana a tiempo que sacaba una manzana y la limpiaba con su sucio mandil para luego darle una mordida con la que daba por terminada la conversación. Victoria desvió la mirada y se quedó observando el paisaje que le ofrecían los valles y las montañas, se perdió un buen tiempo entre los verdes del campo, observando las florecillas amarillas que crecían a las orillas del camino y de vez en cuando echaba un vistazo a la viejecita de su lado, la cual para su sorpresa a la manzana le siguió una torta, un jugo, y más tarde otra manzana. El tiempo pasó tan rápido que cuando llegaron a H, el sol comenzaba a ocultarse y el cielo a teñirse de un rojo tan hermoso que Victoria creía nunca antes había visto "valió la pena todo eso" fue lo único que pensó al bajarse del camión y al después de ayudar a la abuela a bajar sus bolsas y recibir unas manzanas como agradecimiento comenzó a caminar por la larga calle.
Las casitas eran sencillas, casi todas ellas parecían estar construidas de hermosas y grises piedras lisas, que tiempo después descubrió que solamente estaban incrustadas en las paredes de cemento y que eran recolectadas en el río cercano al pueblo. Sin embargo después de andar casi veinte minutos se dio cuenta que estaba irremediablemente perdida pues ni siquiera había leído el nombre de la calle por la que andaba y comenzó a rebuscar entre su bolsa de mano por el papel dónde estaba la dirección de la casa de su tía. " es por la calle principal, al llegar al jardín subes por la calle que está frente a la fuente y después ..." no recordaba que había dicho su tía después de ahí y de pronto el papel apareció, arrugado pero aún legible "calle de la S #21, col. P " era lo único que decía así que decidió seguir caminando buscando algo que le indicara en que calle estaba o alguien que le pudiera orientar, hasta que finalmente llegó a una tienda escondida entre las casas que se anunciaba con apenas un pequeño letrero rojo sobre la puerta en el cual rezaba "Abarrotes La Victoria" y soltó una risita tonta a tiempo que presionaba la campanilla del mostrados y que seguía en su cara cuando apareció un muchacho pequeño y flacucho envuelto en una camisa verde que le quedaba algo grande "¿que se le ofrece señorita?" preguntó el chico mientras la escudriñaba con la mirada sin discreción alguna "em pues em...me podrías decir el nombre de esta calle por favor lo que pasa es que" "calle de la R" interrumpió "¿está usted perdida?¿ necesita ayuda?" agregó el chico un tanto nervioso mientras ofrecía una mano con el fin de saludarla "si, me gustaría saber cómo llegar a la calle de la S" " Solamente camine tres cuadras y donde vea un gran rosal blanco en la esquina, ahí es la calle" " muchas gracias" dijo Victoria con la intención de despedirse "si gusta puedo acompañarla, B! ven a la tienda que me voy con una señorita a ayudarle" y salió por una puerta pequeña de detrás del mostrador y caminó hacia la puerta donde se detuvo e hizo una señal con la mano que ella entendió como un "sígueme" así que decidida tomó sus maletas y las comenzó a arrastrar detrás de aquel chico que caminaba frente a ella con una alegría singular mientras tarareaba una cancioncilla.
Finalmente llegaron a una esquina en la cual como el joven había mencionado había un gran rosal lleno de flores blancas sobre una pequeña barda de piedras y rodeado de más plantas llenas de flores que componían un hermoso y colorido cuadro. “¿qué número busca?” ella extendió el papel hacía él como respuesta “¿va a la casa de la señorita de S?” preguntó el chico con cara de sorpresa mientras señalaba a su derecha “es casi al final de la calle, donde vea usted una fuente a la entrada de una casa morada, ahí es” y sin más dio media vuelta y comenzó a andar de vuelta a su tienda. Victoria continuó arrastrando sus maletas hasta que finalmente llegó a una amplia casa con fachada morada y una media fuente y una bonita puerta de rejas blancas que dejaba ver un amplio jardín y una casa de dos pisos que se levantaba serenamente con dos pilares al frente. “Definitivamente es mejor que la playa” se dijo para sí misma mientras daba vuelta a la llave para abrir la puerta. Para cuando se terminó de instalar la noche había caído y al salir al balcón se dejó envolver por un cielo azul manchado de estrellas tintineantes que parecían darle la bienvenida y la luna parecía una gran sonrisa destellante. Bajo su mirada se extendía el pueblo y podía observar la cúpula de la pequeña iglesia y el jardín del que le había hablado su tía “mañana tal vez recorra el pueblo” y su estómago le reclamó el haberla abandonado mientras su memoria le decía que no había comprado nada para comer y de pronto recordó las manzanas que le había obsequiado la señora así que bajó a la cocina las lavó y volvió a su ventana para sentarse en una silla de madera y comer.
Justo entonces, una estrella fugaz cruzó el cielo y el recuerdo de él llegó a su mente “tal vez sólo fui una estrella fugaz para él” se dijo a si misma mientras recordaba las palabras que él había pronunciado antes de partir “o tal vez soy como la luna y menguaré y volveré a crecer y me necesitará, y entonces volveremos a estar juntos, dejemos que sea el tiempo quien arregle esto” se dijo a sí misma mientras una lágrima caía lentamente por su mejilla seguida de otras cuantas más, y así permaneció un rato que le pareció una eternidad, pensando en él y dejando sus lágrimas rodar hasta que el cansancio le venció y decidió irse a la cama. Se vistió sus pantalones de franela pues el frío parecía helarle los huesos y buscó la mejor cobija en el armario para luego dirigirse a su cama mientras seguía pensando en él “ que cosa más absurda es el tiempo, nos acerca al amor mientras nos aleja de la vida” pensó antes de caer profundamente dormida. A la mañana siguiente se despertó nostálgica y bajó a desayunar la última manzana que le quedaba “Debería ir a la tienda” pensó mientras tomaba un libro que encontró en la mesa y decidió que bajaría más tarde y caminó rumbo a su cuarto con la firme proposición de sentarse nuevamente en el balcón y dejarse enamorar por aquel pintoresco pueblecito que la noche anterior la había recibido con sus mejores galas de noche esperando encontrarlo igualmente hermoso de día.
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